Jorge Montero nos presenta dos poemas que nos invitan
a dejar de lado todo lo que tenemos en mente y dedicarnos
al deleite de la palabra transformada en textura,
en tersura, en aroma, en el suave y sigiloso paseo
al que nos lleva tomados de la mano por los senderos
de lo onírico.
PUERTO DE PAJAROS
Aquí estoy solo en este muelle abandonado
esperando que se
marche el sol, para darte el último beso en
tus manos/
El gran vacío del mundo me trae virtudes que
cantan en mis llagas/
Tu nombre se escucha con un rumor prohibido y concatena
el
vértigo de la nostalgia
El frío del viejo lago me hace huir
Como un perro abandonado/
Destierro en esta playa solitaria a esta vieja tristeza/
En mis sueños celestes llegó a las calles
de LENINGRADO
aquí la noche.
Amanece diferente y no puedo arrancar este tormento/
Quiero vencer este naufragio y purificar estas arenas
Y vencer las lágrimas de todos los tiempos
Yo soy el canto soñado de estas
Riberas y me voy alejando como una nave a la deriva.
En la retórica de todo lo vivido
He hecho bien en partir de este puerto de pájaros
Porque la vida no es color de rosa.
(Jorge Montero)
INDIRA
Llegaste como la Luna Nueva
Y tu sonrisa intermitente
Alegre mi jardín de mariposas
Tu recuerdo dulce es agradable
Como gotas de rocío
Tu pulso misterioso acaricia las retamas
INDIRA
Cántame la ultima canción
Al borde del viejo arroyo un imperio nuevo nos guarda
Y una rara estrella arde junto a tu puerta
Tu gesto duro desprende un aroma
De miel silvestre
Pequeña niña refugiate en el susurro
familiar de los mármoles
Y en los días fríos de la vida
Quiero invadir tu corazón con mi sangre púrpura
Y con gusto compartir
La suerte
Efímera de las cosas. El misterio de tus ojos
Han de ser míos y mi sueño celeste
Te hace reír como un niño.